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Lucy Collins es instructora voluntaria del Programa de Educación para la Paz (PEP) en Miami, Florida. Durante los últimos 3 años y medio, ella y su equipo han organizado unos 400 talleres del PEP en el Centro de Detención Metro West, el mayor correccional del condado de Miami-Dade, con capacidad para 2000 personas.

(Voluntarios en la imagen superior: John Hampton, Cintra Hardy, Cristina Killian, Bobbye Farino, Lucy Collins y Jeff Camp)

La idea de convertirme en voluntaria me llegó en el año 2009, cuando escuché a Prem Rawat hablar sobre los programas de paz que estaban teniendo lugar en diferentes prisiones por todo  el mundo. Después de escucharlo me giré y le dije a un amigo: «¿Por qué no organizar talleres de educación para la paz en Miami?».

Lucy Collins

Nos pusimos en contacto con varios centros penitenciarios, pero aún tendrían que pasar otros dos años antes de que el programa en el Metro West se materializara. Tatiana Brooke, una traductora judicial, me presentó a un juez con quien había trabajado, y este nos organizó una reunión con los oficiales de prisiones del Condado de Miami-Dade.

Les presentamos material escrito y un video de 11 minutos, Inside Peace, (La paz interior) Esta grabación formaba parte de un incipiente proyecto de 4 años de duración que culminaría con el documental del mismo nombre, ganador de varios premios y que se emite actualmente en la cadena de televisión pública de EE. UU. En él se sigue la trayectoria de cuatro reclusos de la Cárcel Estatal de San Antonio que participaron en las clases para la paz.

Al finalizar el documental se hizo un silencio total. Entonces el jefe de prisiones, entusiasmado, dijo: «Bien, podemos empezar con clases para las mujeres a las 9 a.m., media hora de descanso y después clase para los hombres a las 10.30».

Inicialmente habíamos puesto en marcha los talleres del PEP en otra prisión, pero no tuvieron el resultado que esperábamos. Los jóvenes reclusos tenían dificultad a la hora de concentrarse y no mostraban mucho interés. Llegados a ese punto suspendimos las clases.

Durante los dos años siguientes seguí en contacto con los oficiales de prisiones. Les mantenía al día acerca del PEP y les mandaba citas de Prem Rawat sobre la paz cada vez que me cruzaba con alguna que me parecía podría interesarles.

Un día recibí una llamada del director de los Servicios de Voluntariado para las prisiones de Miami-Dade. Me dijo «Creo que hay sitio para el Programa de Educación para la Paz en el correccional de Miami Dade».

Él me puso en contacto con el Consejero Terrance Mathews. Desde el primer momento en que hablamos por teléfono, hubo magia. El Consejero Mathews es una de las personas más amables e increíbles con las que haya tenido el placer de tratar. Se mostró muy entusiasmado con la idea de poner en marcha el PEP en el Centro de Detención Metro West. Empezamos con una clase para hombres en agosto de 2014 y más tarde añadimos una segunda clase. El programa para mujeres se puso en marcha en 2016.

Foto: Lucy Collins

Algunos de los reclusos llegan a la primera clase tan desesperanzados que no pueden siquiera mirarnos. Hemos observado cambios extraordinarios en ellos a medida que van viendo los videos de los talleres de Prem Rawat sobre la paz personal. Muchos no comprenden cómo un mal paso acabó llevándolos a la cárcel, pero se sienten agradecidos de que ello les haya dado la oportunidad de escuchar un mensaje tan decisivo para ellos.

Son muchos los que han asistido a todos y cada uno de los talleres desde su comienzo. Hay asistentes de toda condición social: madres, padres, veteranos, maestros, especialistas e incluso peluqueros.

Cuando pasamos por las galerías, los reclusos nos dicen, «Yo te conozco, ¡tú eres de la clase para la paz! ¡Voy a asistir al próximo taller!».

Uno de nuestros participantes era un atleta profesional. Cada vez que nos veía nos saludaba con un adab –un gesto tradicional islámico en señal de respeto y cortesía–.

Él asistió a un evento con agencias que ofrecen servicios para ayudar a la reinserción de los reclusos después de su puesta en libertad, y le indicó a uno de los representantes lo muy agradecido que estaba al equipo del PEP. El recluso se acercó a hablar con nosotros, apartándose varias veces con lágrimas de agradecimiento. Nos contó que después de cada sesión del PEP, volvía a su celda donde sus compañeros –judíos, musulmanes, cristianos, hindúes– formaban un círculo con sus sillas para escucharle hablar sobre su experiencia aquel día en la clase.

Foto: Cintra Hardy

Veo tanta belleza humana en estos reclusos. Mis compañeros y yo nos sentimos honrados de trabajar con ellos.

En cierta ocasión impartimos un PEP en la cárcel Broward. Un joven interno se sentaba en las primeras filas y nunca hablaba. Finalmente le pregunté: «¿Estás disfrutando? Nunca comentas nada».

Él sonrió. «Recuerdo cada palabra de lo que dice Prem… Voy a salir de aquí dentro de 88 días y cuando lo haga, me llevaré todas y cada una de esas palabras conmigo».

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